Autoeficacia y rendimiento deportivo.

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En tiempos de Juegos Olímpicos y de torneos mundiales escuchamos como a veces buenos deportistas con todas las condiciones físicas para el éxito fracasan. Eso a veces nos ocurre también en la vida diaria en donde aun sabiendo que podremos resolver nuestras dificultades, comenzamos a dudar de nuestra capacidad personal rindiendo por debajo de éstas. Lo anterior se puede explicar desde el concepto de “autoeficacia”, concepto acuñado por Albert Bandura y que se refiere a “los juicios de cada individuo sobre su capacidad, en base a los cuales organizará y ejecutará sus actos de modo que le permitan alcanzar el rendimiento deseado” (Bandura, 1986, p. 391).

La autoeficacia es un fuerte predictor del comportamiento y por lo tanto del rendimiento que un deportista pueda tener. Si trabajamos sobre ciertos aspectos de nuestra autoeficacia percibida, podemos mejorar nuestro rendimiento, maximizando nuestras capacidades.

¿Cómo hacerlo?

Aquí algunas recomendaciones para estar atentos:

Bandura identificó cuatro fuentes de expectativas sobre la autoeficacia: las experiencias de dominio, la activación fisiológica y emocional, las experiencias vicarias y la persuasión social.

Las experiencias de dominio se refieren a nuestras propias experiencias directas, es decir, nuestro desempeño previo. Los éxitos incrementan nuestro desempeño, los fracasos la disminuyen. Si dirigimos nuestro foco a nuestros éxitos más que a los fracasos, probablemente nuestro desempeño mejore.

El nivel de activación fisiológica y emocional  afectará dependiendo de cómo se interprete ésta. Por ejemplo, frente a una nueva tarea si interpreto la ansiedad como algo normal y positivo que puede contribuir a activarme, mi desempeño será mejor, pero si la veo como algo negativo que me puede paralizar, afectará a mi rendimiento.

Con respecto a las experiencias vicarias, éstas se refieren a los modelos. Cuando el modelo tiene buena ejecución, las expectativas de autoeficacia aumentan, cuando éste fracasa, las expectativas de autoeficacia disminuyen. Es bueno por lo tanto, fijarnos en un modelo que nos motive e impulse a rendir al máximo.

La persuasión social podemos entenderla como “el discurso motivante” o la retroalimentación específica del desempeño. Esta va a tener mayor efectividad cuando quien persuada tenga mayor credibilidad, tenga un alto dominio de su disciplina y se confíe en él.

Una mayor eficacia produce mayores esfuerzos y mayor persistencia ante las caídas, aspectos importantes en cualquier deportista. Existe además evidencia de que un sentido de eficacia alta fomenta la motivación, incluso cuando la eficacia alta es poco realista. Los niños y los adultos que son optimistas acerca del futuro, que creen que pueden ser eficaces y que tienen altas expectativas son más sanos mental y físicamente, están menos deprimidos y tienen mayor motivación al logro (Flammer, 1995). 

 

 

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